
Con el paso del tiempo y la acción de factores genéticos, del sol, del estrés y de ciertos hábitos gestuales, la piel empieza a perder brillo, luminosidad y elasticidad, por lo que comienzan a aparecer finas arrugas que en poco tiempo se transforman en fisuras o surcos. La pérdida de grasa subcutánea en las mejillas, debido a su natural reabsorción, provoca depresiones haciendo que la piel se despegue aún más de los músculos faciales.
El resultado es la aparición de arrugas frontales, peribucales, profundización del surco nasogeniano o en cualquier sitio donde la piel se haya distendido. El volumen de los labios también puede estar disminuido o alterado por el uso de prótesis dentales o por el hábito de fumar. Y si se sufrió varicela o un acné severo, las depresiones o irregularidades en la cara pueden ser notorias.
Pero la ciencia tiene una solución para estos problemas estéticos: las sustancias de relleno, que son todas aquellas que se utilizan, independientemente de su procedencia o composición química, para ocupar o expandir el espacio en dermis, que por diversos motivos está disminuido o alterado.
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