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La anorexia en la Tercera Edad
 
La anorexia en la Tercera Edad
Aunque se trata de un trastorno alimentario que muchos consideran exclusivo de las adolescentes, la anorexia también puede darse en personas mayores de sesenta años y la falta de nutrientes en esta etapa de la vida puede afectar gravemente la salud.

La anorexia, el trastorno alimentario que lleva a dejar de comer o a no comer lo suficiente como para mantenerse saludable y que puede poner en riesgo la vida, se da en todos los estratos sociales y en todas las edades –desde los 6 ó 7 años hasta mayores de 60-, aunque la mayoría de los casos se ven en las mujeres jóvenes. A pesar de que la información acerca de este trastorno en la Tercera Edad es muy escasa, los especialistas afirman que existen casos de anorexia en esa etapa de la vida.

Es raro que la anorexia aparezca “de la nada” en una persona ya mayor: Cuando la anorexia se presenta después de los 60 años, por lo general se trata de personas que han tenido trastornos alimentarios más o menos graves durante la adolescencia, de modo que este vínculo con la comida se vuelve crónico y, en momentos conflictivos, reaparece. Es raro que de golpe una persona que nunca ha tenido un trastorno alimentario lo presente en la Tercera Edad.

En el caso de las mujeres activas mayores de 60 años este trastorno puede tener que ver:

  • Con una necesidad imperiosa de seguir respondiendo a determinado ideal de belleza y delgadez que impone la sociedad.
  • Con una gran dificultad para aceptar la edad, el paso del tiempo y sus consecuencias en el cuerpo.
  • Con la insatisfacción con el cuerpo y las dificultades que pueden tener para bajar de peso –cuando eran jóvenes bajaban más rápido-.

Con respecto a los ancianos en general, otros factores que pueden inhibir el apetito son los siguientes:

  • La depresión o la angustia.
  • La soledad y la falta de ganas de cocinar para uno mismo.
  • El disgusto por la comida sin sal o la dieta indicada por el médico que no resulta atractiva y hace que se pierda interés en la comida.
  • Las dificultades en la masticación que se producen por la falta de piezas dentarias o por la incomodidad de las prótesis.
  • La alteración y disminución del sentido del gusto que puede darse en los ancianos.

Cuando una persona pone su angustia en la comida, lo va a seguir haciendo durante la Tercera Edad si no se trató: tienen un estilo para vincularse con la comida que ya se transforma en un patrón de conducta. La dieta de una persona mayor debe ser variada y las porciones tienen que ser moderadas pero suficientes para cubrir sus requerimientos nutricionales: si bien los ancianos necesitan menos calorías que un adulto activo, también necesitan más vitaminas y minerales.

Por eso, los profesionales de la salud que atienden a los ancianos deben evaluar su estado nutricional para asegurarse de que cuenten con las suficientes reservas calóricas y proteicas.


Asesoró: Florencia Jenkins, licenciada en Nutrición
Iintegrante del equipo del centro BACE (Centro de tratamiento e investigación sobre Bulimia y Anorexia)

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