
El sol brinda importantes beneficios para el organismo: estimula la producción de vitamina D, esencial para la absorción de calcio que fortalece los huesos y previene la osteoporosis, alivia algunas patologías de la piel como la psoriasis o el acné, aumenta la circulación sanguínea y genera una sensación de bienestar que mejora el estado de ánimo, entre otros efectos positivos.
Sin embargo, los rayos ultravioleta, uno de los componentes de la luz solar, pueden causar daños en la piel como quemaduras -enrojecimiento hasta lesiones de gravedad-, envejecimiento prematuro -arrugas y manchas-, enfermedades oculares y aumento de las probabilidades de contraer cáncer de piel.
Los efectos de la radiación son acumulativos y producen daños irreversibles. La primera manifestación de daño es el eritema, una respuesta inflamatoria, que enrojece la piel y determina secundariamente el bronceado, una reacción del organismo que intenta amortiguar el daño sobre el ADN celular que provocan los rayos ultravioleta.
Para protegerse de los efectos nocivos del sol es recomendable tomar los siguientes recaudos:
Las personas que tuvieron quemaduras con ampollas y grandes superficies denundadas (ampollas que generaron grandes superficies donde la piel cayó, y la zona quedó despojada, desprovista de piel hasta que volvió a regenerarse), antes de los 15 años tienen mayor riesgo de padecer cáncer de piel. Por eso es fundamental evitar las quemaduras agudas.
La sobreexposición solar en busca del “bronceado ideal” puede ocasionar graves riesgos. Hoy se utiliza el concepto de tanorexia - adicción al bronceado-, un trastorno que define a quienes nunca se ven lo suficientemente tostados y cuya consecuencia es el envejecimiento prematuro de la piel y una mayor incidencia de cáncer.
Anterior
| Página: