por Lic. Diana Resnicoff
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A veces espontáneamente, otras después de un largo interrogatorio, cuando el infiel admite que hay un tercero en la relación de pareja se produce un quiebre que marca un antes y un después en esa vida en común.
Con la intención de ser sinceros, muchas veces se cometen sincericidios. El decir oficia más de herida que de aclaración o alivio y en la confesión hay algo del orden de la cobardía, de no poder sostener la parte que le toca ni la responsabilidad de haber tomado como partenaire a otra persona y muestra la dificultad para explicitar que la pareja ya no funciona en el orden del amor.
Por otra parte, hay que saber que de ese anuncio no hay retorno, porque el hecho de que uno de los dos haya estado con otra persona y que esto se sepa va a aparecer en los momentos menos esperados y va a estar implícito en todas las charlas y en todas las discusiones, como una marca siempre latente.
Si se decide seguir adelante a pesar de haberse enterado de esto es porque entran a jugar cuestiones como el dinero, los hijos, la familia y lo social, que inciden muchísimo. Y para los dos miembros de la pareja puede presentarse la divergencia entre estar enamorado o no y poder o no seguir viviendo con esta persona aunque no esté enamorada. Ahí todo lo socioeconómico pesa mucho. Hay muchísimos matrimonios que duran sin estar enamorados, pero una cosa es durar y otra cosa es disfrutar de la vida en pareja.
“Hace 20 años que te aguanto” y “La bruja me espera a comer” son algunas de las frases que se reconocen como fruto de estas decisiones de continuar con parejas que ya no deberían considerarse como tales.
Ahora, entre confesar directamente la infidelidad y dejar pistas, hay una diferencia: en el segundo caso se está diciendo me estoy yendo, no dejes que me vaya, y si el otro puede pescar estas pistas ahí sí es posible que se pueda armar el encuentro. En cambio, cuando lo dicen es porque ya hay una decisión tomada.
Y al enterarse, una de las reacciones típicas es la de querer conocer –o ver de lejos, por lo menos- al tercero que se incluyó en la relación de pareja –porque los dos miembros de la pareja hicieron algo para que eso fuera posible. Pero hay que tener en cuenta que buscar ese encuentro solamente lleva a sumar un daño. Si la otra persona es fea se piensa cómo puedo estar al lado de este tipo que elige a otra que no me llega ni a los talones y si es linda, cómo voy a estar al lado de él si no le llego ni a los talones. Resulta muy difícil volver a confiar en uno mismo y en el otro.
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