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La bulimia es un trastorno alimentario que hace que los enfermos hagan dieta permanentemente y oscilen continuamente de peso. La alimentación crónica baja en calorías que suelen llevar, les produce una sensación de hambre que desencadena los ciclos de "atracón y purga". Los bulímicos por lo general se "atracan" de comida y luego se "purgan" a través de vómitos, abusando de laxantes o tomando diuréticos.
Los ayunos y las dietas muy rigurosas después de un " atracón" también son característicos de esta enfermedad que sufren una de cada diez mujeres en edad escolar.
Etimológicamente, la palabra “bulimia” significa “hambre de buey” y se refiere a los habituales atracones que suelen darse en los pacientes con estas características y que los pueden llevar a ingerir enormes cantidades de comida en un período de tiempo muy corto, tras lo cual vomitan o se someten a dietas restrictivas para “compensar”.
Durante los atracones –que suelen darse a escondidas-, los enfermos suelen comer alimentos ricos en grasas, lo que después les genera un gran sentimiento de culpabilidad y de pérdida de control sobre sí mismos, por lo que se prometen no volver a hacerlo y se ajustan a una dieta –o directamente ayunan- hasta el próximo atracón.
Los síntomas de la bulimia, que se parecen mucho a los de la anorexia, son los siguientes:
Al igual que la anorexia, una bulimia no tratada puede llevar a la muerte, pero puede curarse si es abordada a tiempo por profesionales idóneos.
Básicamente el tratamiento consiste en una serie de entrevistas médicas, nutricionales y psicológicas a partir de las cuales se organzia el plan de alimentación individual del paciente y se establece la psicoterapia individual y grupal. El peso debe controlarse semanalmente y se debe incluir actividad física. El objetivo del tratamiento es modificar las aactitudes patológicas frente a la comida, la recuperación del peso y el mantenimiento del mismo en el tiempo –que no haya más oscilaciones- y se busca que el paciente alcance un equilibrio emocional.
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