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Meditar es una actividad muy ligada a la cultura oriental y también a la práctica del Yoga, que la incluye como uno de sus pilares fundamentales. Sin embargo, se puede meditar aunque no se practique Yoga y aunque se viva en una sociedad occidental.
La meditación le brinda a la mente un descanso profundo que no se logra ni siquiera con horas de sueño, es “el camino directo al espíritu”, dicen quienes la practican. Sin duda es un arte que se aprende ejercitándolo.
El estado de concentración que se logra con la meditación permite reducir el estrés, reordenar la mente y calmar la ansiedad. Meditar mejora la comprensión de objetivos y motivaciones y equilibra el carácter. Según los especialistas, no se trata de “dejar la mente en blanco”, lo que requiere un gran esfuerzo, sino de desconcentrarse y dejar ir los pensamientos sin concentrarse en ninguno en particular.
La respiración, que está directamente relacionada con las emociones, es la base de la meditación, y en las sucesivas prácticas se va logrando un mayor control sobre la misma.
Fijar la atención en la entrada y en la salida de aire es una de las técnicas que se utilizan para meditar, aunque hay otras: se puede buscar la concentración con los ojos cerrados o abiertos, fijos en algún objeto o imagen –una vela, una fuente de agua, etc.-. Se pueden entonar mantras –breves sonidos o frases que se “cantan” y se repiten durante la meditación-, se puede recurrir a la música, al sonido repetitivo de algún instrumento, a las visualizaciones –guiadas o no- y también se puede preparar el ambiente con aromaterapia.
Para obtener los mejores resultados, conviene iniciar el camino de la meditación en algún centro especializado. Una vez que se logre realizar a solas, lo mejor es destinar un momento todos los días para ejercitarse.
Los expertos sugieren elegir la mañana temprano para meditar y hacerlo siempre en el mismo lugar físico, un lugar de la casa que sea lo menos ruidoso posible y donde la persona que medite se asegure de no ser interrumpida. Una vez que se maneja la técnica y que se logra serenar la mente, las actividades cotidianas se encaran de una manera mucho más positiva y la meditación se vuelve un hábito que genera una sana “adicción”.